Parece que las aguas han vuelto a su cauce con Mara.
Durante dos semanas, los cuidados de Nico y Mili, y el descanso proporcionado a Mara, han dado sus frutos. Ahora está más tranquila y concentrada, trabajando igual que antes. No ha sido fácil. Incluso a Mili y a Nico, por turnos, les ha afectado el sueño. Se despertaban en medio de la noche y la acompañaban a ver las estrellas, que sabemos que es lo que más le gusta a Mara, superando poco a poco sus miedos y el trauma de quedarse sin batería.
En estos días, el trabajo para establecerse en la cueva avanzó mucho. Ya han elegido una sala principal como zona habitable donde establecerán el campamento. En otras salas han decidido construir laboratorios, zonas de trabajo, zonas de almacenamiento... Hasta hay prevista una zona deportiva.
Pero hay una sala en la cueva especial. Nico hizo algunas investigaciones y está convencido de que un acuífero de agua líquida pasa a algunos metros de profundidad del suelo, y el agua, por capilaridad, rezuma en ciertos puntos hasta casi alcanzar la superficie de la cueva. No hay ningún indicio del líquido hasta que se excava y el agua brota naturalmente.
Sin embargo, tiene una sospecha. Al iluminar bien la sala se dio cuenta que la superficie del suelo está compuesta en su mayor parte por piedras. La inmensa mayoría de ellas son de color claro. Pero salpicadas aquí y allá hay montoncitos de piedras casi negras. Está convencido de que el agua rezuma por donde se acumulan las piedras negras... Algún tipo de reacción química (que aún tiene que investigar) hará que las piedras, al sentir la humedad del subsuelo, reaccionen y cambien de color.
Así que... ¡vuelta al trabajo, Mara! Nico le ha encargado a Mara que mapee el suelo de la cueva y encuentre todos los montoncitos de piedras negras.